dimarts, 30 d’abril de 2013

ERNST ROBERT CURTIUS - «CRISI DE L'HUMANISME»


El pasado año, la editorial ela geminada publicó, con el apoyo económico de la Generalitat de Catalunya, una recopilación de ensayos de E. R. Curtius (1886-1956). Lo hizo en edición modélica, empezando por el diseño del libro, siguiendo por la introducción de Antoni Martí y acabando con la traducción de Marc Jiménez. Mayor cuidado en los aspectos formales no ha podido haber. Además, a la luz de la altura de la introducción de Martí, no me cabe duda de que la selección de textos ha sido rigurosa y ha ofrecido lo mejor de esta parte de la producción intelectual del autor.


Pese a todas estas circunstancias, estamos ante un libro decepcionante. Cuando nos disponemos a leer una colección de artículos de un autor tan reputado como Curtius, y máxime reunidos con el título de Crisi de l’humanisme (que es el de uno de los textos de Curtius), parece legítimo albergar unas expectativas altas, relacionadas con la hondura de los temas, la profundidad de la mirada y la lucidez de los planteamientos. Sin embargo, todas estas cualidades, precisamente, faltan en el libro. Y faltan hasta el punto de que, en realidad, cabría hacer una lectura irónica del título: los ensayos no son sólo el diagnóstico de una situación, sino también el síntoma de su agravamiento. 



Con perspectivas como las de Curtius ante muchas de las cuestiones de su tiempo, era lógico que el humanismo estuviera en crisis, si por humanismo entendemos la capacidad para ofrecer sobre el mundo una mirada penetrante a partir de un cultivo profundo de las disciplinas clásicas. La hermosura del estilo, la sensibilidad para ciertas formas de belleza, la actitud moderadamente cosmopolita o la erudición en el tratamiento de los temas no compensan, de ninguna forma, ni el interés limitado de muchas de las cuestiones abordadas, ni la miopía a la hora de ofrecer soluciones a los problemas que se plantean. Estamos ante un pensamiento reaccionario, anquilosado, incapaz de comprender y apreciar muchas de las manifestaciones más valiosas del mundo que le rodea, obsesionado por la conservación de las eternas esencias occidentales y el miedo a la intromisión de energías consideradas caóticas y disgregadoras (cuando la gran disgregación se había producido ya con la guerra del 14), absolutamente fuera de la realidad y, por todo ello, de consecuencias catastróficas. Aquí, la negatividad aparece, sencillamente, negada, con lo que todo intento de lograr la anhelada integración está condenado a la impotencia y al kitsch. Martí hace un análisis lúcido de las apuestas ideológicas del Curtius de los decenios de 1920 y 1930, que culminan con un retrato inmisericorde (una vez más, malgrè lui) de esa intelectualidad inoperante para todo aquello que no fuera el cultivo de su estrecho campo de intereses: «Así aparecieron desde 1938 hasta 1944 veintidós estudios, publicados en revistas especializadas, y que me proporcionaron durante la guerra un oportuno abrigo espiritual».


Sabido es que "el sueño de la razón produce monstruos". No me cabe duda de que el sueño de la razón humanista a la Curtius, tal como aparece expuesto en muchos de estos ensayos, contribuyó a dar a muchos de los monstruos que atormentaron a la Alemania y a la Europa de su tiempo una base de respetabilidad y un aliento intelectual que nunca deberían haber tenido. Tampoco me cabe duda de que hay otro humanismo posible, como el reivindicado en "la apuesta humanista" de Todorov en su El jardín imperfecto, comentado aquí el año pasado (http://patiovirtual.blogspot.com.es/2012/04/el-jardin-imperfecto-de-tzvetan-todorov.html). Loin d'être l'enfer, les autres représentent une chance d'en sortir, decía en él el autor búlgaro. Como se ve, estamos ante dos actitudes muy distintas ante la diferencia, que invitan a una reflexión a fondo sobre el concepto de humanismo, sus limitaciones y su vigencia.